Espacio dedicado a la fotografía

Archivo para 09/11/2009

Tutorial: ¿Cómo fotografiar gotas?


Existen innumerables tutoriales por internet que nos indican la forma de realizar fotografias de gotas.
Aquí voy a explicar la forma en que yo realizo este tipo de fotos.

Primero hemos de tener el material adecuado.
Necesitaremos un recipiente dónde vayan cayendo las gotas. Puede ser una cubeta de pintor, un plato, e incluso el mismo fregadero. Esto dependerá del material que nos sea más fácil de conseguir.
Yo suelo usar un recipiente de porexpán azul que lleno de agua (Aunque el líquido puede ser cualquier otro. Café, té o agua coloreada, también nos pueden servir).
Otro elemento que necesitaremos es un dispensador de gotas.
Una bolsita agujereada, un grifo semiabierto o un cuentagotas cumplen la función perfectamente.
Si queremos obtener unos reflejos creativos en el agua, podemos poner en la parte posterior de la toma una cartulina coloreada. Puede ser de colores llamativos, manchas dispersas o una simple cartulina blanca. Todo depende de qué tipo de resultado final busquemos.

Ahora hablemos del equipo necesario.
A parte de la cámara, cosa evidente, necesitaremos un trípode y un flash externo.
Hay quien prefiere usar el flash fuera de la cámara junto con un transmisor inalámbrico instalado en la zapata. Yo prefiero usarlo integrado pero obteniendo una luz de relleno rebotando la luz contra otra superficie (contra el techo o contra una lámina de papel de plata para rebotar la luz del flash).

Con todo el material listo comencemos a explicar cómo realizar las fotografías.

Primero abrimos ligeramente el grifo para que vaya goteando. La cadencia la escogeremos nosotros según abramos más o menos. Si usamos el cuentagotas seremos nosotros mismos quien obtendremos las gotas en el momento deseado, y si es con la bolsita agujereada aconsejo hacerlo con un alfiler para que la perforación no sea demasiado grande.

Para enfocar justo la zona en la que cae la gota, un truco bastante efectivo es poner en el preciso lugar de caída un bolígrafo y enfocarlo con la cámara.
Una vez enfocada la zona exacta, dejar en modo manual para que al autoenfoque no actúe y desplace la zona que queremos dejar nítida y enfocada.
La configuración de la cámara y el flash es flexible, aunque es aconsejable usar el flash en modo manual y dejarlo en 1/16 ó 1/32, para no sobreexponer la toma.
La cámara puede trabajar con apertura de diafragma f/8 ó f/16, velocidad de obturación 1/250 ó 1/500, y una ISO-100.
Fijamos la cámara al trípode y comenzamos.
Como las velocidades de obturación son muy rápidas no deberíamos preocuparnos por las posibles vibraciones que transmitamos a la cámara, pero si queremos trabajar con más tranquilidad podemos añadir un disparador remoto que evitarían posibles tomas trepidadas.

Y ahora tan solo queda tener paciencia e ir disparando hasta dar con la fotografía perfecta.

Unos bellos ejemplos de fotografías de gotas están en este enlace.

También un video que explica muy bien este tutorial, y en el que me basé en su día es este:

Está en inglés, pero creo que visualmente se entiende bastante bien.

Si por último, queremos cambiar el aspecto final de la fotografía, podemos usar el Photoshop para darle el último acabado.
Para ello abrimos la fotografía y seguimos esta ruta Imagen>Ajustes>Blanco y negro
En la ventana emergente que surje damos a la opción Matiz, movemos el selector del Tono hasta el azul y luego la Saturación hasta el nivel deseado.
Y esto es todo.

Bueno……casi todo.
Antes de finalizar este tutorial, me gustaría mostrar un video que, aunque relacionado, no habla extrictamente de cómo realizar fotografías de gotas, sino como se ven las gotas al caer, grabadas a una velocidad de 2.000 fotogramas por segundo.

Impresionante ¿Verdad?

Artículo: Una fotografía que costó una vida



Cuándo Kevin Carter hizo esta fotografía no sabía la repercusión que llegaría a alcanzar.
Su visión conmocionó a medio mundo.

Pero, situemos esta imagen en el tiempo para entenderla mejor.
Estamos en Darfur al sur de Sudán. Concretamente en el mes Marzo de 1993. El fotógrafo sudafricano Kevin Carter viaja a la zona para realizar un reportaje sobre el movimiento rebelde de la región.
Al toparse con la cruda realidad del hambre y miseria en que estaba sumida la población, decide cambiar su objetivo inicial y retratar las penurias de sus habitantes.

La historia nos cuenta que Kevin Carter estaba fotografiando en la aldea de Ayod cuando vio caminar a una niña de unos cuatro o cinco años. Se dirigía a un centro de refugiados, probablemente a pedir ayuda y alimentos.
Cuando le faltaban escasos metros, su frágil cuerpecito dijo basta.
Se dejó caer.
Un buitre que contemplaba la escena se acercó y esperó el más que probable fatal desenlace.
Carter, según explicó tiempo después, esperó unos veinte minutos a que el buitre desplegara sus alas para conseguir una foto más impactante. Disparó unas cuantas fotos y permaneció en el lugar.
Al final, según Carter, la niña pudo reanudar su camino y el buitre se alejó de la escena.
El fotógrafo acabó sentado debajo de un árbol llorando por la escena que acababa de contemplar.

La polémica saltó cuando esta foto fué publicada, el 26 de Marzo del mismo año, en el New York Times.
Oleadas de personas criticaron la actitud de Kevin Carter, a pesar de tener órdenes expresas de no mezclarse con la población local por el riesgo de contraer enfermedades.

La fotografía fue tan importante que hizo que el fotógrafo consiguiera el premio Pulitzer de fotografía el año 1994.
Sus palabras al recoger el premio fueron estas “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña“.

Profundicemos un poco más en la biografía de Kevin Carter para conocer mejor su trayectoria.

Carter nació en Sudáfrica en 1960, y a los 23 años empezó a trabajar como fotógrafo deportivo en un periódico local. En 1961, al estallar las revueltas raciales de 1984, fichó por otro periódico y comenzó a documentar los desmanes y asesinatos del apartheid.
En poco tiempo Kevin Carter, Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y Joao Silva (todos fotógrafos blancos) conformaron el conocido Bang Bang Club y se hicieron un hueco en la historia del fotoperiodismo.
Lograron documentar, arrisgando sus vidas, la violenta ola de disturbios en Sudáfrica, algo que hasta ese momento solo habían conseguido reflejar unos pocos fotógrafos negros.
Las escenas que lograron captar estaban llenas de una violencia tal que muchas fueron objeto de la censura en el propio país, y que solo fueron publicadas en el extranjero.
Esta osadía les llevó más de una vez a dar con sus huesos en el calabozo.

Joao Silva acompañó a Carter a Sudán, dónde tomó la escena de la cual hablábamos al principio del artículo.
Después de dicha foto, Silva comentó que Carter cayó en una profunda depresión. Depresión que acabaría siendo decisiva en el triste final del reportero.

La fotografía de la niña, como comentaba antes, le supuso ganar el Pulitzer y que la prestigiosa agencia Sygma le contratara como uno de sus reporteros.
Pero esta fama inesperada y efímera, sumada al acoso por parte de la opinión pública, hizo que tomara una trágica decisión.
Dos meses después, aparcó su furgoneta junto al río en el que solía jugar de niño, conectó una manguera al tubo de escape y se suicidó.
Una vida truncada a los 33 años.

Diez años observando en primera linea hasta que punto el hombre ejerce la violencia contra sus semejantes, y sobre todo la muerte de su mejor amigo, Oosterbroek, durante unos disturbios que él mismo había fotografiado antes (en los que también fue herido Marinovich), hicieron que tomara esa trágica y drástica decisión.

Una vida dedicada a mostrarnos nuestras vergüenzas a través de sus fotografías.
Una imagen que nos golpeó a todos profundamente en el corazón.

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